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Me llamo Violette - Inofensiva Sonia

Capítulo 71 - Inofensiva Sonia

Después de varias sesiones grupales, en donde nos reuníamos todos los que presentábamos alucinaciones, de repente, sentí que iba por ir. Por no sólo yo sentía que perdía el tiempo, sino que Josh, también sentía lo mismo. No es que perdiésemos el tiempo, ya que la terapia funcionaba así, tenía que ser constante, hasta que realmente nos sintamos realmente preparados como para no sentí nada de nada, en nuestro día a día.

 


- Entonces… - dijo la coordinadora mientras revisaba nuestros papeles en donde se explicaba por qué estábamos allí en esa terapia. – Ambos coincidís de que las reuniones no os sirven para nada.

- No queremos decir eso, en absoluto. – salté yo. – Sus reuniones nos han ayudado muchísimo. A mí… me ha hecho ver la confianza que debo tener en mí misma, perder el miedo, a calmarle, para que no me ataquen las alucinaciones y a aceptarme tal y como soy…

- Pero aun así… En tu expediente se refleja que te daban tan fuertes que confundías la realidad con las alucinaciones, hasta el punto en que te acostabas con todo el que podías. Y en su caso, Josh… sus alucinaciones eran tan fuertes que duraban horas y le ocurría lo mismo que a la señorita Violette. Pero en su caso… ya llegó deshidratado al hospital un par de veces.

- No negamos nuestro pasado ni lo que somos… Simplemente… queremos tener una vida más normal.

En deseo momento nos cogimos de la mano. Una mirada fugaz se cruzó entre Josh y yo, en donde la comprensión y la confianza, nos hacía sentir seguros. La coordinadora apartó los papeles y vio nuestras manos unidas.

- Ahhh… - dijo sorprendida. – Ya veo… habéis encontrado el equilibrio entre vosotros…

Una ligera sonrisa apareció en su rostro. Comenzó a ordenar los papeles y a golpearlos ligeramente, para que no se le viese la sonrisa que se le estaba escapando.

- He de decir… - prosiguió. – que no es muy común que se formen parejas aquí. Y cuando digo que no es muy común… digo que nunca ha pasado. Las personas que vienen a estos cursos, suelen descubrir secretos y actitudes que no suelen gustarles, ya no sólo de los compañeros que vienen aquí… sino de ellos mismos. Les avergüenza mostrarlos, les avergüenza ser naturales y darlo todo porque no se gustan a sí mismos. Pero vosotros habéis superado esa barrera. Os habéis aceptado tal y como sois y se ve que os queréis. Es maravilloso, chicos.

- Muchas gracias. – contestamos al unísono.

- Sin embargo, gracias a la terapia, tenéis que aceptar que habéis mejorado mucho y que haber encontrado a vuestro compañero de vida, no significa que la mente se calme del todo. Por supuesto ayudará a pasar el bache, pero necesitaréis terapia aún así. Os doy el permiso para que vengáis a menos reuniones, pero las que tengáis programadas con nosotros… tenéis que venir.

Josh y yo nos alegramos muchísimo y después de la reunión con ella, nos fuimos a su apartamento para celebrarlo con una cena. Íbamos cogidos de la mano, cuando nos encontramos con Sonia en la puerta de su casa, esperándonos. De manera automática nos soltamos de la mano, no por vergüenza, sino porque no queríamos que se sintiera incómoda.

- No pasa nada chicos. – dijo Sonia, acercándose. – De verdad que me alegro mucho de que estéis juntos y… bueno… Yo sólo quería verte Violette y como no estabas en tu residencia...

Me giré hacia Josh para explicarle que yo le gustaba mucho a esta chica y que no quería hacerle daño, porque era buena persona y siempre ha estado allí cuando la necesitaba. Estábamos ante una inofensiva Sonia que sólo quería cariño y compañía. Al final, acabamos invitándola a cenar con nosotros y sinceramente, lo pasamos en grande. Nos reímos mucho y no parábamos de comentar cosas de su trabajo, de sus cuadros y de las alucinaciones de otros. La noche se llenó de risas y cuando llegó el vino a modo de postre, sin duda, la cosa se fue alentando.

Josh estaba en un sillón con una copa de vino, observándome con ojos cariñosos, mientras yo le ponía otra copa a mi amiga Sonia. Entonces Sonia, sin preguntarme y sin importarle que estuviese Josh se abalanzó sobre mí, para robarme un beso, mientras me agarraba de la pierna. La aparté inmediatamente y cuando miré a Josh, éste ni se inmutó. Se sorprendió, pero siguió mirando. Así que sin dejar de observarle, dejé que Sonia me besara de nuevo y con cada beso, Josh se ponía más cómodo sosteniendo la copa de vino.

Al final Sonia y yo nos animamos y ambas soltamos las copas de vino, para no ponerlo todo perdido y mientras me tumbaba sobre el sofá, Sonia me levantaba la falda del vestido para empezar a acariciarme las piernas y a jugar con mis braguitas. Josh, no paraba de observarnos de manera muy atenta y cuando, por fin nos quedamos desnudas, el se sacó el miembro y comenzó a masturbarse mientras veía cómo una mujer cabalgaba a su novia. Volver a sentir los labios de Sonia sobre mi húmedo sexo fue excitante y que nos viese Josh, que disfrutaba mientras se masturbaba suavemente, lo convirtió en un juego de lo más pervertido.

Yo me encontraba tan animada que la tiré al suelo y después de manosearle y succionarle los pechos con ansias, le abrí las piernas para deslizar mi lengua sobre su hendidura, paseando mi lengua sobre su caliente sexo y penetrándola con dos de mis dedos, para que sintiera cómo entro dentro de ella. Entonces, noté cómo las manos de Josh se posaban sobre mis caderas, las acariciaba y las pellizcaba un poco. Decidió unirse a la fiesta y tras unos apretones, Josh estaba de lo más caliente penetrándome, mientras me veía comerle el sexo a una mujer y veía los pechos de dicha otra mujer.

Comenzó a penetrarme con más fuerza, más rápido, más profundo, a la par que yo hacía lo mismo con mis dedos y la entrepierna de Sonia. El calor se apoderó de nosotros, el placer se desató y cuando Sonia y yo llegamos al orgasmo casi a la vez, me tumbé a su lado para dejar que Josh descargara toda su energía sobre nosotras. Invitar a la inofensiva Sonia a la casa, fue una muy buena idea.

escrito por: Tikay el 22 de agosto de 2017
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